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Fragmento del discurso de ingreso al Colegio
Nacional del poeta Octavio Paz. La poesía es la manifestación verbal, la
encarnación en palabras de la mitología de una época, de ahí que la función
mítica sea casi indistinguible de la función poética. Aunque el poeta no es inventor de mitos a él
le toca nombrar a todo ese conjunto de héroes, sucesos reales e imaginarios,
creencias y pasiones que constituyen lo que se llama “la imagen del mundo” de
una sociedad, su mitología. El poeta convierte en imagen a los signos: los
configura, les da figura. La semilla de esa imagen es la idea que se forman los
hombres del mundo y de sí mismos. La idea yace escondida en la estructura inconsciente
de la sociedad y la nutre una visión particular del tiempo. La función cardinal del tiempo en la formación
de la idea del mundo se debe a lo siguiente; los hombres no lo vemos nunca como
mero suceder sino como un proceso intencional, dotado de una dirección y
apuntando hacia un fin. Los actos y las palabras de los hombres están
hechos de tiempo, son tiempo: son un hacia esto o aquello, cualquiera que sea
la realidad que designen el esto o el aquello, sin excluir a la misma nada. Así pues, el tiempo es el depositario del
sentido. El poeta dice lo que dice el tiempo, inclusive cuando lo contradice:
nombra el transcurrir, vuelve palabra a la sucesión. La idea del mundo se
repliega en el tiempo y éste se despliega en el poema. Poesía es tiempo desvelado: el enigma del
mundo convertido en enigmática transparencia. Cada civilización ha tenido una
visión distinta del tiempo; algunas lo han pensado como eterno retorno, otras
como eternidad inmóvil, otras más como vacuidad sin fechas o como línea recta o
espiral. Año platónico, circular y perfecto a la manera
del movimiento de los cuerpos celestes, o tiempo apocalíptico, en línea recta,
de los cristianos; tiempo ilusorio hindú, molino de las reencarnaciones o
tiempo infinito continuo del siglo XIX. Cada una de estas ideas ha reencarnado en
imágenes que llamamos poemas, un nombre que designa un objeto verbal sin forma
fija y en perpetuo cambio, de la invocación mágica del primitivo a las novelas
contemporáneas. Pues bien, la poesía se enfrenta ahora a la
pérdida de imagen del mundo. Por eso aparece como una configuración de signos
en dispersión: imagen de un mundo sin imagen. A continuación, como homenaje a Octavio Paz y
la vinculación: poeta- tiempo, que el escritor mexicano destaca, comparto el
poema de mi autoría titulado: MÉXICO TIEMPO
ETERNO El tiempo prehispánico dibuja espirales sobre las tierras fértiles sembradas de maíz y mitos milenarios. Caen suavemente las primeras gotas, regalos de Tláloc. Sonido monótono sobre los círculos de piedras silenciosas petroglifos sordos al paso del tiempo sin tiempo, en los tiempos. Tiempo mexica, vital y cíclico en la inmensidad de la nada… El retorno de la serpiente emplumada Dualidad: Hombre- Dios ¿El fin de los tiempos? Allí dormitan remordimientos ancestrales a la sombra de los dioses dónde árboles y flores derraman sus frescos aromas y danzan los colibríes. El tiempo muere y renace de continuo. Mientras, la serpiente emplumada el mítico Quetzalcóatl, se muerde la cola y reinicia el ciclo. Eternidad y regeneración de México. ¡Hasta el próximo encuentro…! |
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