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El viejo sostenía la puerta del lado
de adentro y la mujer lo ayudaba. Alguien quería entrar. Se sentía la presión y
el esfuerzo en el forcejeo. La mujer estaba casi en estado de shock.
Esto había comenzado unos meses atrás
con el asesinato de una señora. La habían
encontrado en su casa con diversas heridas de cuchillo. Elpueblo de Aguas Mansas era tranquilo. Pocos
habitantes, y nunca, hasta ese momento,
se habían originado hechos significativos como para la primera plana de los
diarios. Sin embargo, unos quince días después, hubo otra situación similar. En la playa, unos chicos, que jugaban con una
pelota, encontraron el cuerpo de una mujer mutilada por cortes dearma blanca. Existían coincidencias en la
forma de ejecutar el asesinato. Las víctimas no habían sido violadas. Tampoco
surgía evidencia de robo. Mucho revuelo
con el periodismo y con la prensa amarilla. Algunos cronistas hasta se habían instalado
en el pueblo para seguir más de cerca la evolución de las investigaciones. Roldán, el oficial inspector a cargo, era
constantemente consultado por
Ahora, Lucién ayudaba al viejo a
mantener la presión de la puerta. El hombre no tenía el vigor de la juventud y
por lo tanto no podía solo con el de afuera, que evidenciaba una cierta
superioridad.
─¿Don Baltasar, no puede?
─No puedo más, m’
hija.
Lucién desesperada redoblaba el
esfuerzo. La mujer, dentro de toda la angustia, trató de hacer prevalecer su
inteligencia y establecer algún tipo de estrategia.
─En un momento, yo voy a tratar de sostenerla sola, con todas las
fuerzas que tengo. Para nivelarla en el cierre. ¿Me entiende?
El viejo seguía empujando, pero sin
contestar.
─Baltasar, don
Baltasar. ¿Me entiende? ¡Contésteme! ─Sí, m’ hija.
─¿Entiende? ─Sí
─Y cuando yo la
sostengo sola... usted le echa llave... ¿Entiende? ─Sí, m’ hija.
─Vamos... una...
dos... y tres ...
¡Ahora!
Ella sostuvo por fracción de segundos
y el viejo prestamente echó llave. La puerta se cerró. El de afuera seguía
intentando derribarla a los topetazos, con brazo y hombro.
Lucien rápidamente se precipitó a una
ventana, que abrió con desesperación, asomó parte del cuerpo y comenzó a pedir
auxilio. La calle estaba desierta.
Se dio vuelta y vio que el viejo
había quedado en un rincón de la habitación, totalmente extenuado.
─Baltasar.
Baltasar... ¿se encuentra bien? ─Sí, m’ hija.
El otro, el de afuera, descontrolado,
decía algunas cosas en voz alta; pero, entre los ruidos y la pesada puerta, era
difícil escucharlo; seguía intentando abrir. Lucien volvió a mirar por la
ventana, percibió que a través de la
cornisa se podía alcanzar el techo de
otra casa. Y también que una vez ahí,
era probable bajar de alguna forma.
─Baltasar. Don Baltasar. ¿Está
descompuesto?
─Estoy viejo... y fue
duro
...
Ese maldito tiene fuerza...
─Y vamos tener que hacer algo más…
Tenemos que escapar a la casa vecina. Ahí pediremos ayuda
Lucién
se sorprendió por su arrojo, e
incluso su fortaleza física. Recordó, justo en ese momento, a la señorita Rita,
su maestra, que contaba que la gente en estado de desesperación acrecentaba su
fuerza. El otro hombre tampoco desistía
en su empeño de derribar la puerta. Y cada vez lo intentaba en forma más
violenta. Por lo tanto, había muy poco tiempo.
─Vamos, Baltasar.
Vamos. Tenemos que huir.
Se dio vuelta, pero casi no lo reconoció. No tenía nada que
ver con el viejo que ella trataba casi
a diario. Tenía un cuchillo en la mano y
se abalanzó sobre ella. Ahora exhibía fuerza y determinación. Bastaron tres o
cuatro heridas. El hombre que intentaba entrar, llegó demasiado tarde. Se
encontró con el cuerpo de Lucién sin vida.
Y el asesino… se había vuelto a
escapar. |
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