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Lo vi estaba ahí
tan cerca que al querer tocarlo se retiraba, y cuando comencé a caminar tierra
adentro el venía atrás persiguiéndome con su ruido tan tranquilizante. Era tan largo el camino hacia lo profundo
de ese paisaje, que me agote y ni siquiera sabía si había llegado por lo menos
a la mitad. En mi interior, solo había una enredadera
que crecía buscando el cielo pero este cielo era el universo infinito, y no
dejaba de buscar y crecía y crecía…. Solo llegaría a dejar de crecer si yo
encontraba el final de aquel camino. Atrás el rugido de el seguía patente,
imperturbable ¿porque no dejaba de atormentar mis pensamientos? Me di vuelta y
le grite: -
Cállate. Y ahí enfrente a mí lo vi,
estaba tan inmenso, tan vertiginoso que me arrepentí al instante de haberle
gritado. Al principio cuando el era un tierno sonido que me acompañaba y me
daba tantas esperanzas, paso a ser la molestia más grande. Por eso quería
alejarme, por eso le di la espalda y quise construir un camino que no quería
ser construido. Al darme vuelta y gritarle el seguía allí, mi camino era con
el, y al lado de el. Me dolió aquel grito, aquella palabra, nunca se podría
callar, su rumor nunca calla es así como el me acompaña. Me conformare con
caminar a su lado, viendo sus cambios y el los míos. Mi enredadera no tiene
fin, nunca alcanzara el final del infinito, es una lastima me hubiera gustado
verla concluir. Y el continua
allí, cambiando en cada día a cada momento. A veces me tranquiliza y otras me
enloquece, otras quisiera abrazarlo tan fuerte, pero no puedo está muy lejos,
es intangible. Cuando entristece lo envolvería y cuando esta alegre saltaría junto a el, pero
no podemos, vamos casi juntos, pero el esta muy lejos. Tal vez sino viviera en el centro de este país,
podría ir a verle de vez en cuando, pero no tengo como, ni tiempo, solo te veo
en mi mente. Y vos me ves? En mi imaginación voy corriendo hasta
aquella playa que compartimos y te toco sin tu permiso, me alejo, y vuelvo a
tocarte, y no siento arrepentimiento por querer sentir
tu… frío de las corrientes del norte o el calor de las corrientes del sur. Porque
el siempre tiene corrientes nuevas que lo sacuden y lo hieren, lo renuevan y lo
embellecen, y la luz que le da colores tan variados en distintos momentos me
hace sentir sentimientos tan contrarios como la noche y el día. Mi querido mar,
cuando te volveré a ver? El
esta tranquilo porque sabe que algún día voy a volver a la Costa. Andrea Kropman |
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