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A la
madre El
despertador rompió el hechizo. Dicen que la primera clase es decisiva,
pensaba mientras las atentas caras de los pequeños la contemplaban por primera
vez. Tomó aire antes de empezar, durante un momento recordó a la madre, le
hubiera gustado ver cómo al final el sueño de la enseñanza se había cumplido.
La clase pasó en un suspiro. Después otra. La sirena del recreo interrumpió la
mañana. El
largo timbre no dejaba de sonar. La
mujer despertó malhumorada para apagarlo. Mientras se levantaba con dificultad,
tocaba su barriga deforme. Había soñado con el bebé que crecía en ella. En el
sueño se llamaba Mientras
tomaba el café en la cocina contemplaba el ciruelo que llenaba el minúsculo
patio. Para el otoño llegará |
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