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Abrí el New York Times esperando
encontrarme las mismas noticias de corrupción política y sucesos sangrientos.
Nueva York siempre te muestra su mejor cara a primeras horas de la mañana. Antes de contarles estos detalles debería
presentarme. Soy la culminación de la ilusión de cualquier niño del mundo: un
superhéroe americano; aunque me conocen mejor por El vengador justiciero.
Se dirán que qué nombre más absurdo, pero se trata simplemente de una
descripción de mi trabajo, primero aplico la venganza y luego la justicia. Como
cualquier buen patriota norteamericano. Para que sepan más de mí, les diré que tengo una
novia eterna, ya que a lo superhéroes no nos dejan nunca casarnos con la chica.
Mi dulce amor, de nombre no tan dulce, está bautizada como Lluvia Ácida. Ella
también es una superheroína, y como por su nombre habrán adivinado, se encarga
de defender el medio ambiente. Porque estos tiempos son difíciles hasta para
los superhéroes. Ya que están medianamente ubicados, les contaré lo
que me ocurrió aquella buena mañana en que me disponía a desayunar con mi
ración diaria de pequeñas catástrofes. La verdad es que leo el New York Times por
una especie de acto reflejo, desde aquel día ya lejano en que mi nombre
apareció en la columna de sucesos. Justo encima del anuncio del último musical
de Broadway aparecía en letras de molde: El vengador justiciero
desarma y retiene a un bandido que pretendía atracar a una viejecita. Todavía me ilusiono al pensar en esos momentos de
gloria, mi madre enseñando a todas las vecinas el periódico, mi padre,
orgulloso, recortando la noticia para pegarla en el álbum familiar. Lluvia
Ácida es portada habitual de los periódicos gratuitos del GreenPeace y no le
dio demasiada importancia al asunto, pero la verdad es que le tuvo que picar un
poco la envidia, no es lo mismo el New York Times. Y nada, sigo contándoles pequeñeces de mi vida y
pensarán qué superhéroe más charlatán, ¿cuándo nos piensa contar la
aventura?, y sí, tengan paciencia, que en todas las historias de
superhéroes siempre llega una aventura. Vuelvo a empezar por el principio. Abrí el New York Times esperando
encontrarme las mismas noticias de corrupción política y sucesos sangrientos, y
cual fue mi sorpresa cuando leo la siguiente noticia: El domador de espíritus volvió a hacer de
las suyas al amparo de la oscuridad.. Maldición, hacía siglos que no oíamos nombrar a
semejante malvado. El domador de espíritus es el ser más terrible que
habita este mundo. Desde tiempos inmemoriales hace estragos sobre la humanidad.
En mitad de la noche, cuando nadie puede verlo, es capaz de introducirse dentro
de cualquier persona y dominar su voluntad hasta convertirla en su esclavo.
Pensábamos que sus tiempos habían pasado cuando fue felizmente sustituido por
la publicidad. Rápidamente pensé: Aquí está mi oportunidad
para la fama, volver a salir en el periódico, en las televisiones, en Internet.
Ya veía mi propio nombre, mi imagen incluso, dando la vuelta al mundo. Dejé de soñar y decidí pasar a los detalles
prácticos. Llamaría a Lluvia Ácida para que me ayudara, no en vano su nombre
era temido a uno y otro lado de la capa de ozono. Una vez le conté los detalles de la noticia, me
agobió con mil preguntas. Que cuánto hacía que no aparecía El domador de
espíritus, que cómo sabían que había actuado, que en qué circunstancias,...
Tanto me abrumó que tuve que leer entera la noticia, detalle que hasta entonces
no se me había ocurrido. La noticia no daba demasiados detalles. Parecía
ser que El domador había atacado a traición al presidente del Gobierno,
y éste había decidido convertir al país en una colonia de Cuba. La nación
entera se tambaleaba al conocer la noticia. Y es que El domador es capaz
de hacer realidad sus deseos más peregrinos. Lluvia pensó que lo mejor era hablar con El
domador y convencerle de que volviera al olvido. Así que pasándonos por
periodistas conseguimos una entrevista con él, porque en el fondo incluso a los
más malvados les gusta que les presten atención. Con esta pequeña estratagema, Lluvia consiguió
introducirse en su guarida y charlar largamente con él. Gracias al curso de
Psicología que había estudiado por correspondencia mientras defendía nuestro
planeta, Lluvia convenció al malvado Domador de que el corazón humano es
voluble, la voluntad caprichosa, y de que su trabajo era pan para hoy y
hambre para mañana. Gracias a la generosidad de mi novia, hoy soy yo
el que aparezco en los periódicos como el que salvó a la Tierra, así con
mayúsculas, de los designios del mal. En el New York Times todo vuelve a
la normalidad. Cuba se convirtió en colonia nuestra. El domador de espíritus consiguió que le
atendiera el psicoanalista de Woody Allen y poco a poco va encontrando su
camino. En su tiempo libre ayuda a mi dulce Lluvia. Ella le enseña un arte
mucho más sencillo que el que pretendía: dominar los vientos, las tormentas,
los tsunamis y otros fenómenos de la naturaleza. Y así todos quedamos felices, y mi madre
enorgulleciéndose junto a las vecinas de su hijo pequeño, el superhéroe. |
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