|
|
|
Mi querida amiga: Te debía estas letras
después de tantas horas como hemos pasado juntas, te debía un recuerdo, una
manifestación pública de tu existencia. Tú, siempre tan acogedora, has sabido y sabes más de lo que nadie
pueda nunca llegar a saber sobre mí. Cuántas veces te he
estrechado entre mis brazos y he dejado que mis lágrimas te empaparan. Cuantas veces, loca de
rabia y de impotencia porque una situación se me escapaba de las manos, he
pagado contigo el daño que me hacían los demás Cuantas veces me he
abrazado a ti huyendo del mundo, de mi soledad y de mi tristeza. En cuantas ocasiones he
reposado sobre ti mi dolorida cabeza y cuantas veces has sido testigo de mis
sueños más hermosos. Has sabido de mis penas y
alegrías sin que de mi boca saliera una sola palabra. He tenido tu compañía cada
vez que he necesitado un rato de descanso y has sido mi indispensable compañera
en cada uno de mis viajes. Tú eras
aquella en quien, al final de cada jornada, yo podía reposar mi fatigado cuerpo
y también aquélla con la que gustaba rememorar los mejores momentos del día. Tú eres y serás la dueña
de muchos de mis secretos y la responsable de tantas horas de agradable
compañía. Por todo ello te dedico
este merecido recuerdo. A mi almohada |
|
|
|