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El
viento guardó silencio, al mismo tiempo que Nico arrastraba su cochambrosa cobija, pájaros huéspedes de los árboles comentaban nuevamente la visita
de tan extraño hombre. Nico sujetaba con sus manos; un pedazo de torta
mosqueada, una lata de cola que de un solo sorbo se terminó el poco líquido
gaseoso. Sus pensamientos se remontaban
al día en que Gloria lo aceptó como su legítimo esposo. Aún escucha los coros
celestiales dentro de su locura y, comienza a llorar hasta quedarse dormido
debajo de un trueno que lo protege de la incesante lluvia fría. Como quién se queda en medio de un
camino solitario, grotesco y
peligroso. A Nico, tormentosos sueños lo invaden,
con imágenes que lo han enloquecido
durante los últimos díez años. En donde
se encontraba portando un traje de pingüino en gris oscuro y una corbata negra
de buena tela comprados en Milán. Los
vestía con elegancia junto con su
azahar blanco, el que llevaba unas pequeñas perlas en medio. Ese día, Santiago
su primo, le comentó ¿Nico, no sabes que es de mala suerte traer perlas
en el azahar Nico, no le tomó importancia a dicho cometario, la
sonrisa del joven novio borró por completo la mala intención de Santiago. El
caminar elegante y firme de Nico, hizo que todos los ojos de invitados,
extraños y colados lo voltearan a ver. Las mujeres en estado célibe le sonreían
coquetamente, como quien espera a su príncipe valiente. Algunos hombres,
chismorreaban de la desgracia en que se comprometería Nico en unos instantes. Todos los murmullos se fueron apagando, al mismo tiempo que Nico entraba a la capilla; donde un Cristo negro lo recibía con los brazos abiertos al final
del pasillo, los santos y vírgenes
lo miraron con misericordía. Su mundo era de gloria, como Gloria su futura mujer. El reloj
avanzaba tan lentamente como la espera por su amada. Cuando llegó Gloria al templo,
se iluminó la cara de Nico y
la iglesia parecía haber recibido una luz fugitiva de sol al ver a la
diminuta mujer; con un vestido blanco e
inocente, que tapaba todos los encantos por los cuales Nico se derretía. El
novio, estiró sus manos claras y finas que tocaron los dedos fríos de su
Julieta. Ambos, se arrodillaron y escucharon con atención el sermón de los
derechos y obligaciones del nuevo matrimonio. Gloria burlaba la mirada de su
alocado Romeo, mientras sus muecas eran de
sonrisas macabras. Enseguida, Nico llamó otras imágenes en su dormir,
donde los juramentos de amor eterno
tuvieron como testigos a gente que invadía la iglesia. Un -Si, acepto, con voz fuerte y segura hacía
retumbar el recinto por parte de Nico. Un
-Sí, acepto, con una despistada voz que solo escucharon las dos personas
más cercanas a Gloria. Finalizaron su unión matrimonial, como finiquitar un pendiente que
tenían ante la sociedad. Hubo aplausos
y ovaciones a los nuevos esposos,
puñados de pétalos marchitos pegaron en ambas caras disparejas; Nico
feliz y Gloria nerviosa, avanzaban por
el atrio de la parroquia. Un auto sin
placas en color azul marino los
esperaba en la puerta principal del jardín,
apenas se distinguía a través de los opacos vidrios a un hombre
preocupado. Gloria, malhumorada de
tantos babeados besos y débiles abrazos,
dejó en medio de los presentes a su enamorado Nico. Corrió como gata
perseguida, a pesar de los blancos zapatos, a pesar del pulcro vestido y a pesar de la promesa hecha para toda la
vida. Se subió al carro, igualando a una ladrona
amenazada a ser atrapada. El
automóvil avanzó, perdiéndose entre el
tráfico, las amenazas y súplicas de Nico.
Un viento impiadoso llegó acompañado con una tormenta fúrica, que amenazó a todos los mirones y
espectadores. Nico, se quedó mojado y
bañado de saladas lágrimas, se apresuró a querer alcanzar ladrón. La pesadilla despertó
a Nico, como muchas veces lo había
hecho. Se incorporó rápidamente, trató de
limpiar la humedad de su cara y cuerpo con su cobija, que lo dejaba más
mojado de lo que ya estaba. ¡Verdad pajaritos, que no estoy loco!. Le comentaba a las avecillas inquilinas del
árbol, esperando que éstas lo corrigieran de su error. Se molesto tanto
que, aventó la lata de refresco a las
metiches aves. -¡Todo está maldito!, murmuró al mismo tiempo que recogía sus chiqueras pertenencias, - ¿Gloria,
donde podré encontrarte? Se marchó mordiendo sus labios. Se extravió
entre las locas avenidas transitadas, fijando su mirada en todas las mujeres
que pasaban, de pronto, se acercó a una mujer chaparra de piel cuidada. -¡Tú eres mi Gloria!, ¿Porqué me mataste? gritando
fuertemente. La
sobresaltada mujer, caminó tan deprisa como sus pies se lo permitieron, dejando
atrás al desquiciado hombre. Nico, volvió a caminar en dirección contraria. ¡Gata
suerte, que tengo! ¡Dónde esta mi
Gloria!. Se encamino a un jardín muy próximo en donde
se reunían niños de la calle, locos y
pordioseros. Sentándose frente a una mujer gorda, canosa y a la que le faltaba la mitad de cabello del lado
izquierdo, acompañándola de una enorme
cicatriz. Ambos se quedaron mirando fijamente,
retándose en palabras y movimientos
manuales. -¡Yo, a ti te conozco!, ¡Tú, tú eres quién me
ayudo de las llamas!. Comentó la atormentada mujer mostrándole su brazo y la
pierna izquierda cicatrizada por quemaduras. Nico
fijó bien su mirada, tocándose la cabeza para poder recordar a la mujer que
tenía enfrente. ¡sí, qué estas loca!
¡Que quieres de mí, cerdita!. - ¡El
fuego cocinó a mi esposo junto con el carro!, ¡Yo estaba triste, muy triste!
¡un hombre malo con mucha gente nos perseguía!. La mujer finalizó, limpiándose con su blusa la nariz escurrida. Nico,
guardó silencio queriendo acordarse del rostro de la mujer, pero no encontró
nada en su desquiciada mente; la volvió observar, llamando los pocos recuerdos de su memoria. Una representación inconsciente invadió sus
confundidos ojos, se miró corriendo atrás del carro de su Gloria,
algunos de sus familiares hicieron lo mismo. Los persiguieron hasta
salir de la ciudad, en carretera un accidente de llamas los detuvo, así como
también detuvo la conciencia activa de Nico. Nico, comenzó a llorar desesperadamente por su alucinamiento, que la mujer lo tomó entre sus brazos
calmándole con palabras incoherentes. Nico, por primera vez después de muchos
años se sintió cobijado por una dama. Tanto que, comenzó a decir a su acompañante, eres mi Gloria, tú eres mi
Gloria. |
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