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Llevabas tiempo enfermo,
se te notaba. Jamás fuiste lo suficientemente fuerte, tal vez la causa
de tu mal la ocasionó esa fragilidad que te ha caracterizado o
quizás la sucesión de acontecimientos que nos han llenado de
dudas, incertidumbre, estrés y tristeza. Si, ese es el término:
tristeza. Me pregunto si era posible evitar de algún modo la penosa
situación por la que atraviesas ahora, sumido en un doloroso y callado
paréntesis que te mantiene al margen de la existencia, como una presencia muda,
sin sueños...en espera. Veo pasar los días
en el calendario, uno detrás del otro, quisiera que el tiempo se
detuviera también para mi, ser tu acompañante en ese espacio
suspendido en donde no hay cabida para el pasado, el presente o el futuro,
simplemente permaneciendo, sin recuerdos, anhelos o deseos. La
frustración se apodera de mi entonces, casi sin sentirlo, murmuro
quedamente: "no nos dejes por
favor". Llevas ya tanto tiempo en
estado de coma. Durante las noches aún extiendo mi mano buscando tu presencia
bajo las sábanas, más, solo encuentro soledad en medio de ese
punto indiferente y frío en donde la pasión tiene varios meses de
no tocar a la puerta, permaneciendo como tú, ausente e inmóvil,
falleciendo sin morir del todo. Puedo sentir el
compás de tu respiración artificial. Tu permanencia depende de tantas cosas inherentes a ti
y a mi. Me duele saber que no tienes movimiento, tu voz ha enmudecido, los
latidos son registrados con precisión pero ya no dicen nada, no
transmiten sentimiento alguno, tan solo representan el consuelo de saberte todavía aquí,
aunque sea una falacia. De pronto, quisiera
gritarte, ordenarte que reacciones, que despiertes y vuelvas a nuestro lado.
Pero me contengo, sé que no puedes hacer nada, siento que las fuerzas se
me han agotado, estoy anestesiada igual que tú con la diferencia de que
yo si siento el dolor sofocando mi pecho cada vez que intento respirar. A pesar de todo, acudo
cada día a tu lado, te pongo al corriente de los sucesos del mundo, el país, la
región, nuestro refugio...mi corazón. Sé que me escuchas
aunque parezca que no es así. Trato de no darme por vencida. Busco y
rebusco detalles distintos cada vez, decoro la habitación con
fotografías nuestras para ver si así recuerdas y te animas a
regresar, escribo cartas que te leo en voz alta describiendo nuestra historia,
te hablo de esa soledad y pesadumbre que me invadirá sin
compasión si te vas para siempre, cuido mi apariencia al detalle para
verme bien por si me vuelve a mirar, trato de hacer el amor aunque ya no sienta
sus manos, aun cuando sus labios no
me digan nada, sus ojos están velados ya no me miran ni me reflejo en
ellos, cepillo mi cabello con firmeza para revitalizarlo mientras trato de
encontrar sin suerte la manera de activarte, colmo de flores el entorno para
que su aroma inunde tus pulmones y permito entrar por
la ventana a los rayos del sol para que entibien tu piel...su piel. Alguna vez, me
pareció descubrir una leve sonrisa en sus labios, me llené de
esperanzas. Las horas siguientes las pasé inventando y reinventando las
mil maneras en que te daría la bienvenida cuando retornaras a la
vida...a mi vida. Luego, los minutos crueles, las horas insoslayables, los
días que con impiedad
asesinan las ilusiones casi tan pronto como brotan arrojándome al
rostro la realidad apabullante, pesada y atroz de tu inconciencia. Me aferro a aquel rostro,
fotografío en mi mente las líneas de expresión, la forma
de los ojos, la perfección de la nariz, la carnosidad de los labios.
Tomo entre mis manos la suya esperando que en cualquier momento las aprisione
protegiéndome como cuando caminábamos a tu lado creyendo en lo
eterno. ¿por qué no resucitas? ¿Existirá
acaso la eternidad? En tu caso, no fue así. Te encuentras suspendido
entre la vida y la muerte sin retornar del todo y sin irte de una vez. "No
te mueras" me escucho nuevamente decir. Mi suplica rebota en las paredes
golpeándome el rostro con impiedad mientras las lágrimas van
dejando tras de si un sendero salado y húmedo que me hacen conciente de
mi cada vez más agria y banal existencia . Esta mañana
desperté con la certeza de que no volverás. Nada cambia, no
mejoras, absolutamente todo sigue igual...todo menos yo. No soporto más
esta situación, con el dolor contenido de tantas semanas a punto de estallar
en mi interior escucho mi voz implorando: -Muérete de una vez
por favor. Aún estamos
recostados en la cama, me vuelvo con suavidad, acarició su cabello por
última vez, beso sus labios con resignación. Agradezco tu
sacrificio de permanecer a pesar de estar listo para volar en busca de nuevos
horizontes, no obstante, estás aún aquí como un
cadáver viviente pudriéndose a la intemperie sin que una mano
compasiva acierte a enterrarlo para dejarlo descansar en paz. Hace tanto tiempo que te
fuiste de mi lado. No me refiero a este momento de pasividad física que
te atacó, sino antes, cuando tu espíritu se difuminó, no te estoy culpando de nada,
¿cómo hacerlo? si trajiste tantos sentimientos nuevos a mi,
algunos ya conocidos, otros que reinventaste, locuras que me hicieron
reír. Gracias a ti me sentí feliz durante tanto tiempo. Yo fui la
culpable...nosotros...dejamos de alimentarte, permitimos que la rutina te
envolviera apoderándose de ti, no pusimos cuidado y causamos con nuestro
egoísmo esa enfermedad que ahora te mantiene postrado en esa cama
agonizando, encadenado a un lugar en el que ya nada tienes qué hacer. Hoy, ha llegado el momento
de decirte adiós. Con las tijeras invisibles de la resignación
corto el lazo que te aprisiona en esa zona intermedia entre la vida y la
muerte. Eres libre...Sé feliz. Él y yo, nos
miramos a los ojos con tristeza, las lágrimas delatan nuestro fracaso.
Abandono el lecho y comienzo a caminar sintiendo su mirada en mi espalda
mientras tus despojos se quedan ahí. Me siento infeliz, pero liberada.
Me despido de ti diciendo: -Adiós amor
fallecido. Merecías morir con dignidad. |
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