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Bueno, yo tengo la
oportunidad de estar en contacto con personas mayores, de las cuales puedo
aprender tanto. Es para mi una alegría tener la autorización de Una vez por
semana ella arregla las mesas del Bingo, donde toman parte las otras personas,
que viven en El Hogar. El año pasado tejió por lo menos 100
calcetincitos de recuerdo y les puso un centavo con una mariquita de buena
suerte. Aparte de todo eso, ha tejido 135 calcetines normales, que ha regalado.
Como persona entusiasta, aprovecha cada minuto y también pinta en óleo y acrílico.
Charlando un rato con ella, me dice: "todo mundo cree, que no tengo nada”, y me enseña
la lista de las operaciones que ha tenido. Le han operado mínimo unas 8
veces. Sin embargo con esa jovialidad, me dice: "ich lasse mich nicht runterkriegen" = que significa, que
“no me permito a mí misma, que me venzan". Las vicisitudes de
la vida ¡por supuesto!. No es admirable. Y lo
dice con una gran sonrisa, que parece que el sol esta detrás de ella.
Una bendición. Me comenta: “Ahora que me encuentro en un Hogar de ancianos y tengo
90 años, nadie podría ni imaginarse lo que yo he experimentado en
este tiempo, mi padre tenia un problema del corazón una válvula
no le trabajaba bien, murió de 46 años. Quien le iba a decir, a
mi padre, que después a mí su hija, me harían una
operación de válvula a pecho abierto a los 82 años y
sobreviviría el doble que él.” Ella tiene una habitación
muy bonita, a esa edad, ella tiene una “computadora” ¡por
favor! y lee sus emails, aprendió cuando llegó a el Hogar, hace 6
años y ofrecieron un curso a las personas que tenían
interés y Uschi, naturalmente que se apuntó. Me hubiera
extrañado que no lo hubiese hecho. La profesora le llegaba a dar clases
extra, a su habitación. El otro día le mandé un e-mail con
fotos de México, ¡fascinada!. Le abre una
puerta al mundo. Y me dice: “Te contaré algunas cosas, que pienso son importantes y
que la gente de hoy lo tendría que saber.” Cuando era una niña todo
parecía fácil. Su madre le contaba cuentos de Andersen antes de
dormir. En invierno se levantaba a jugar con la nieve, jugaba con el trineo
Nací en 1919. En 1939 vivía aún en
Hamburgo con su madre. “Yo era costurera en una de las primeras
direcciones de Casas de Moda de Hamburgo, en la calle “Neuer Wall” (hasta la fecha es una de las direcciones de
negocios más cotizadas de Hamburgo) esta Casa de Modas,
pertenecía a una familia de judíos en Hamburgo, trabajé
11años con ellos, nos iba bien. Éramos 350 personas que
trabajaban allí. Ya que el jefe se había liado con una de las
secretarias, lo acusaron de ocasionar
“vergüenza a Además fui entrenada por
“bomberos”, 5 veces por
semana teníamos servicio en la ciudad y yo era la “jefa de los
chorros contra incendios” o “esparcidores de agua”. La gente
aún vivía en la ciudad – naturalmente tenía que
haber gente para apagar el fuego, si había algún incendio. Éramos
15 mujeres en total por las noches en nuestro edificio. Cuando sonaba la
alarma, debíamos apagarlo. Dormíamos en Luego debido a que durante la
guerra se había prohibido cambiar de trabajo; uno tenía por
decirlo así, una especie de bloqueo de cambio de trabajo- era una ley.
Uno tenia su “identificación personal” Meldepass”
donde aparecía también la dirección. Al final de la
guerra, no ir al trabajo si trabajaba en el armamento, podría significar
que al día siguiente lo irían a buscar los soldados, para saber
porque no había ido a trabajar. Había “trabajadores
forzados” (=
“Zwangsarbeiter”) también en las fábricas de
armamento y en los campos. Nuestro piso había sido bombardeado y pudimos
lograr que nos dieran una habitación en “Ludwigslust”
– queda cerca de Berlín, yo tenia que viajar en tren 3 horas y
media todos los días, hasta Hamburgo “a mi trabajo” –
de ida y otras 1 ½ horas de regreso en un tren rápido (= D-Zug) viajé de Agosto 1943
– Nov. 1944. Algunas veces, durante el camino las líneas del tren
habían sido bombardeadas y teníamos que hacer algún rodeo
hasta poder llegar a casa. Estuve viajando así durante 1 ¼ de
año. Durante este tiempo hubieron
también redadas y se llevaron muchas chicas para que trabajaran en las
fábricas y talleres, haciendo armas. En ese tiempo tuve suerte, yo
estaba enferma de “escarlatina ”, y por
eso no me reclutaron. A veces salía yo de mi
trabajo muy tarde y el regresar a casa hasta “Ludwigslust” era una
Odisea. Mi jefe se dio cuenta de mis esfuerzos por trabajar en su Casa de
Modas. Hasta que un día me dijo, que no podía responsabilizarse
más, sabiendo que me podía pasar algo por el camino. Entonces me
despediría. Luego de presentarme al Ministerio de Trabajo, para que me
dieran libre del trabajo, en una zona de la antigua DDR – Alemania
Oriental. El oficial me preguntó simplemente: “¿Por qué fue
despedida?” – uno solo
podía ser despedida, si había hecho algo malo. Le comenté: “tenia que viajar a mi trabajo por 3
horas y media a diario y mi jefe ya no se quería responsabilizar si me
pasaba algo”, “así que me dejó libre”. Luego me preguntó:
“¿Por qué no está usted trabajando en las
fábricas de armamento?” Le conté que: “entonces había enfermado yo de
“escarlatina” y las personas que reclutaban no habían
vuelto”. “Tuve suerte”
Después
de la capitulación, primero me independicé como costurera-
tenía 3 personas trabajando para mí. Me dieron trabajo como repito en una zona que
perteneció luego a Luego cuando ya tenia yo mi
propio taller, recibimos la orden de coser pantalones para los rusos. Uno de
los jóvenes soldados se llamaba Michael. Era bueno, le gustaba hablar y
bromear. El no podía creer que yo era independiente, no podía
tener su propio taller y que ganaba mi propio dinero. Como forma de pago nos
daban tiquetes para alimentos o traían café. Después
acordaron pagarnos con dinero, pero a veces pasaban semanas sin pagar, en una
ocasión pasaron 5-6 semanas sin salario y yo no podía pagar a los
aprendices. Antes de que se fueran los rusos –nosotros no sabíamos
que tenían planeado marcharse – nos llamaron a la comandancia y
nos hicieron firmar unos papeles que nos habían cancelado los salarios, prometiéndonos
que nos entregarían el dinero en unos 2- 3 días. Pasó el
tiempo y nada. Un día nos llegaron los rumores que los rusos se
irían al día siguiente, yo me puse en camino a la comandancia yo
tenia apenas 24 años, y cuando se enteró mi madre, que me había
ido yo a meter a la comandancia a enfrentar a los oficiales rusos (ellos al
menos fueron gentes con nosotros, no abusaron de nadie en el pueblo, porque habían
estado allí antes los americanos) me dirigí a un oficial y le
explique lo que había ocurrido y todos los soldados rusos hablaban
alemán, hasta los mas sencillos, no se diga los oficiales. Y me
preguntó: ¿quién te hizo eso? Y le señalé al
oficial y le dije: „ese que siempre que me ve, se da la vuelta“.
Pues yo recibí mi dinero y pude pagar a mis trabajadores oficiales y a
los aprendices. Mi madre estaba que no podía creerlo, que había
tenido yo el valor de pelear por lo que me correspondía. Primero
recibimos de los rusos la orden de cambiar la forma de los pantalones de los
soldados alemanes – que habían
servido en África y nuestro trabajo consistía en añadir la
parte de las rodillas hasta los tobillos, ya que eran unos pantalones, que se parecían
a los “Bermudas” americanos. Y nosotras teníamos
dificultades para conseguir agujas de coser. En el pueblo donde estábamos
no nos dejaban salir a ninguna otra ciudad cerca, al menos en nuestro ciudad, no había violaciones, ya que antes de
la ocupación de los rusos habían ocupado los americanos, y ellos
no habían violado a nadie. Pero si preguntaban donde estaban las chicas
“voluntariosas” y eso no era “violación”. Uno de
los soldados nos preguntó, ¿por qué no se enojan las
chicas cuando acariciamos sus brazos y se enojan si las halamos?. Vaya pregunta. Una vez una señora con su hija de
12 años, querían ir al hospital de la otra ciudad y tenían
que pasar por un bosque, allí fueron violadas. Regresaron y la
niña no sabia que era
“violación”. Fue terrible. Nosotras no tuvimos problemas con
los soldados rusos, ellos fueron buenos con nosotros, pero en otras ciudades no
fue así. Y en todos los pueblos que nos rodeaban habían
rusos. No salíamos. En otra ocasión teníamos
que recibir un envío con mercadería que, teníamos que
trabajar. Pasamos todo el día esperando y nada, decidimos irnos a casa y
una de las chicas vivía a la par del taller de costura..
Cuando al fin llego la mercadería, Michael (el soldado alemán) y
mi compañera atravesaron toda la ciudad, para
ir a recogerme a la casa y regresé con ellos al taller. Todos los
vecinos estaban temerosos por mí, porque habían visto “que un ruso me había llegado a
recoger y no me había resistido”. Para ellos era que me iban a
deportar o ha hacer algo, que se yo. Pero les expliqué que solo
había ido a recibir una mercadería. El hombre que la trajo, tenia unos bigotes tan grandes y hacia abajo, que
parecía una verdadera “morsa”. Yo le pedí al soldado
(Michael) que no nos dejara solas con el hombre. Yo era apenas una jovencita y
naturalmente tenia miedo. Continúa.... |
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