|
|
|
El trágico suicidio colectivo hace pensar en
algún tipo, aún sin identificar, de secta muy destructiva. Los
cuatro decidieron quitarse la vida saltando desnudos −aunque conservando
su calzado− desde los quince metros de altura que tiene el acantilado en
esa zona, lo que vuelve a hacer merecedora de su macabro nombre a la peligrosa
Cala de los Muertos”
−Todos a la vez. El que se quede atrás
paga otra ronda. −Pues venga, aprovecharé que estoy
borracho yo también; porque si estoy sereno, seguro que no lo hago. −Ah, es verdad, que tú el año
pasado no estabas. No te preocupes, que no hay peligro. Cubre mucho y no vas a
llegar al fondo de ninguna manera. Lo único que tenemos que hacer es
coger un poco de carrerilla, no nos vayamos a quedar cortos y nos estampemos
contra las rocas que hay abajo al pie del cortado. −¿Pero habláis en serio? −Vale, pero con zapatillas, que el año
pasado me costó un huevo subir descalzo por las rocas. −Pues en pelotas, ¿o es que te da
vergüenza? −No tengo, bañador. −Sí, y borracho como una cuba, por eso
quiero refrescarme, para no tener que coger el coche en este estado. −¿Tú estás loco? −¿Hace un bañito desde el
acantilado, como el año pasado?
−Venga, jefe. La penúltima. −Otra. −Pon otra ronda igual. −Ponnos cinco jarras grandes de cerveza.
−De camino a casa vamos a acercarnos al
chiringuito de la cala a tomar unas cerves, que el lunes fue mi
cumpleaños. Vente y luego te traigo con el coche. |
|
|
|