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Cuentan que hace muchos
años vivía una mujer solitaria en este lugar. Tenía una
edad indefinida y nadie sabía a ciencia cierta desde cuando estaba
allí. Habitaba una casita de madera en la parte más alejada de la
playa y algunos vecinos murmuraban que debía ser bruja si vivía
tan sola. La verdad es que no parecía molestarla la soledad aunque
siempre fue una buena vecina y ayudaba a quien lo pudiera necesitar. Como aquella vez en que un
pescador del pueblo salió al mar como cada mañana, pero un
temporal le sorprendió antes de que el resto de pescadores pudieran
salir a ayudarle. El pescador casi se ahogó en la odisea contra la
tormenta. Su cuerpo inconsciente fue arrastrado hasta la playa, muy cerca de la
casita de aquella mujer. El resto de los pescadores seguían buscando en
el mar. Ella salió fuera y
encontró al hombre agonizante. Después de comprobar que
seguía vivo y ayudarle a sacar toda el agua que había tragado,
con mucho cuidado lo pasó al interior de su casa. Todavía no había
recuperado el sentido. Con mucho cuidado lo colocó junto al fuego de la
chimenea y pacientemente esperó a que despertara. Cuando el pescador
recuperó el conocimiento y se vio junto a aquella mujer extraña
se sintió muy incómodo. Se excusó como pudo y salió
corriendo hacia el pueblo. Antes de dejarle marchar, junto a la puerta, la
mujer depositó una manzana en sus manos. Le recomendó que la
comiera mientras caminaba ya que el camino al pueblo era largo y todavía
estaría fatigado. El pescador se fue comiendo la
manzana por el camino, y al llegar al pueblo se arrepintió de haber
tenido tanta prisa en salir de aquella casa. No parecía ser una bruja
quien con tanta hospitalidad lo había tratado. Algunos dicen que llegó
hasta el pueblo, los más que se dio la vuelta por el camino. Lo que
sí se sabe seguro es que aquella mujer con fama de bruja no
volvió a estar sola, y que aquel pescador no volvió a sufrir
ningún temporal. |
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