Tiene la voz más dulce que he escuchado nunca. Es grave y adormecedera,
te recorre la piel, te da un escalofrío, te manipula, te lleva donde
quiere, no te deja pensar.
Disimulo, pero él lo sabe y lo aprovecha. Intenta sorprenderme,
acercándose por mi espalda, se descalza. No se da cuenta del sonido
inconfundible de sus pies descalzos.
Su aliento, que puedo sentir a más de un metro de distancia... Pero es
su presencia, ni siquiera es su olor lo que percibo cuando está cerca.
Aunque su olor... qué os puedo contar de su olor con palabras. Es como
su voz, grave y adormecedor, que te manipula y te transporta.
Sé cuándo me está mirando. ¡Qué ignorante!. No sabe que lo siento por todos los poros de mi piel.
También sé que a veces no me mira y que otras veces me mira, pero
no me escucha. ¡Qué infantil!
Lo que más me gusta de él es que
siempre sonríe, la mayoría del tiempo. Me gusta tocar sus labios
en ese momento y las arrugas de sus ojos, pero cambia rápidamente la
expresión para que no note el paso de los años en él. ¡Qué
tontería! Conozco palmo a palmo su piel. ¡Llevo tantos años
sin ver!
Gurpegui