El camino de la montaña
Mariela Loza Nieto



No confundir,

 somos poetas que escribimos desde la clandestinidad en que vivimos,

 no somos, pues, cómodos e impunes anonimistas,

 de cara estamos frente al enemigo.

Roque Dalton García

 

A la montaña me trajo el dolor,

el himplar que se extingue de un yaguar,

el alarido en la quebrada,

los desgarrones de los días,

sollozos de niña por el camino,

huellas de mujer por las veredas.

 

A la montaña me trajo el dolor,

la noche que noche no es,

un lamento desbordante en la cañada,

la espalda del uyar ztotzok,

el rezumar de primavera desterrada.

 

A la montaña me trajo el dolor,

el llamado entristecido de la muerte,

lontananza menstruando el sufrimiento,

arrebatada una sonrisa,

la milpa sumida en desolación.

 

El dolor me trajo a la montaña,

martirizada la luna,

destazado el arco iris en la tierra,

no llegó el beso del girasol.

 

A la montaña me trajo el dolor,

los versos libres despojados al nacer,

saqueadas las alas, zarandeado el cuerpo,

roto el pincel.

 

Descalza, desnuda,

zaherida por la espalda la esperanza.

 

A la montaña me trajo el dolor,

buscando el rugido en la mirada,

hurgándole a las piedras un retazo de alegría,

la ternura que quedó despellejada.

 

Como al desplazado,

como la que sufre eterno exilio,

como un maldecido lagarto chorreando sangre por los gemidos.

 

Como la mariposa se revuelca en la red del cazador.

Así me trajo a la montaña.

Me trajo a la montaña el dolor.