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Siendo tú, mi amor celeste y con la distancia física, que nos
separa en este mundo, ya te debo infinidad de besos y otros tantos abrazos. No sé siquiera, si me alcanzará esta vida y la eterna para devolvértelos todos. Intentaré yo mandárte algunos... con una mariposa por la
mañana cuando hace su ronda por tu jardín, o tal vez con una brisa de la tarde antes de ponerse el sol, o cuando estés ya, en
tu cama justo antes
de dormirte y pondré mis besos en tu frente en tu mejilla, en tu boca. Los suspiros nacen de mí, sin saber de donde vienen, pero tengo la certeza que eres tú, quien los provoca. Te llevo en el alma, ¡Quién sabe desde cuando! |
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