Sabías que era un hombre solo,
Yo sabía que eras divorciada,
Después supe que estabas separada.
Ambos supimos que no éramos las
medias naranjas,
Quizá por eso hubo la atracción
que hubo.
Nuestra relación era seria y
tierna,
Siempre lo fue, desde el
principio,
Jugando y en serio, entrega mutua,
Cuerpo, alma, juegos de esposo,
esposa,
Nunca hablabas de matrimonio,
Yo tampoco.
Así pasaron los meses y los años,
Tu viviendo en tu casa, yo en la
mía,
Jugando y en serio, entrega mutua,
Cerrando siempre nuestros ojos,
Para que nadie nos viera o
criticara,
Esos viejos libidinosos,
menopáusicos,
Que gozan de sus tardes de café,
asidos de la mano,
ridículos, felices que nunca
hablaron de matrimonio.
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