Un viento helado
que surca mi cabeza al descampado.
Florecimiento de geranios
sobre los surcos
que camino y los viajes que vivo.
Un ángel que alumbra por instantes
las noches penitentes.
Estrellas que caen
sobre la hierba que crece.
El gallo canta a lo lejos;
y los peces danzan en brillante arena.
Ríos invisibles
cruzan mi frente
en medio de las llamas.
Un aire húmedo se condensa
y sólo el ángel vuela más allá del múltiple
cielo;
que mis manos intentan alcanzar con remos.
Hay sangre sobre prehistóricas piedras de
alabastro
y barro pétreo endurecido sobre
paredes arcaicas.
Hay miel sobre el ancla milenaria
y musgo que tapiza la escalera sombría.
He cruzado este patio con los ojos de mi
madre ausente
En las cornisas siempre los geranios y
laureles.
Un vago sol
repetía los cuartos
infinitos.
Mis huellas sobre el largo corredor;
y el canto brillante de los canarios con
amor.
Duelo de espadas
sobre los navíos.
En la sala el libro;
con el rastro de los
caballos.
Una antigua brújula; un sextante; un
periscopio.
y un reloj de arena
que contiene el tiempo infinito y su faena.
La voz de mi padre
sembrando libros
en los caminos;
creando mundos
y espacios;
volando al infinito
antes que el Edén.
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