Palabra
César Molina Consuegra



Un viento helado

que surca mi cabeza al descampado.

Florecimiento de geranios

sobre los surcos

que camino y los viajes que vivo.

Un ángel que alumbra por instantes 

las noches penitentes.

Estrellas que caen 

sobre la hierba que crece.

El gallo canta a lo lejos;

y los peces danzan en brillante arena.

Ríos invisibles

cruzan mi frente

en medio de las llamas.

Un aire húmedo se condensa

y sólo el ángel vuela más allá del múltiple cielo;

que mis manos intentan alcanzar con remos.

Hay sangre sobre prehistóricas piedras de alabastro

y barro pétreo endurecido sobre 

paredes arcaicas.

 

Hay miel sobre el ancla milenaria

y musgo que tapiza la escalera sombría.

He cruzado este patio con los ojos de mi madre ausente

En las cornisas siempre los geranios y laureles.

Un vago sol 

repetía los cuartos 

infinitos.

Mis huellas sobre el largo corredor;

y el canto brillante de los canarios con amor.

Duelo de espadas

sobre los navíos.

En la sala el libro;

con el rastro de los

caballos.

Una antigua brújula; un sextante; un periscopio.

y un reloj de arena

que contiene el tiempo infinito y su faena.

La voz de mi padre

sembrando libros

en los caminos;

creando mundos

y espacios;

volando al infinito

antes que el Edén.