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La observaba a través de mis lágrimas, ella
había tomado una decisión, lo SABÍA, ella se iba ¿qué iba a hacer ahora yo?,
ese amor poco duradero que temía se había hecho realidad, destinados a ser una
pequeña vela que divagaba por el mundo en busca de un lugar sin viento, un
lugar seguro, haciendo ese intento lo había hecho todo mal, en vez de parar el
viento le había dado más fuerza. ¿Era ese mi destino? Divagando el resto de lo
que me quedaba de vida intentando no molestar a nadie, solo quería que ella
estuviera segura pero en vez de eso le había encerrado en un vaso sin aire,
todo ese árbol lleno de recuerdos que había intentado esconder volviéndolo en
cenizas se había extendido quemando el bosque entero, quemándola a ella en el
camino, sus recuerdos, su sonrisa, su risa, todos aquellos recuerdos habían
huido en busca de un lugar seguro en el cual no estaba yo y con esas ultimas
lagrimas cerraba aquella historia que debía ser contada para dejarla volar,
dejar que se apaciguara esa llama que se había formado por toda la madera que
habíamos tirado al fuego, pero esas cenizas que se habían formado las iba a guardar
como el tesoro más sagrado y duradero, las cenizas de nuestros recuerdos.
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