El reconocido escritor Juan José Arreola Zúñiga, nació y murió en el Estado
de Jalisco, vio la luz en Zapotlán el Grande, hoy Ciudad Guzmán, el 21 de septiembre de 1918 y se apagó el 3
de diciembre del 2001 en Guadalajara. Había escrito: “El hombre que se va de
este mundo sin saber quién es ni donde estuvo, es como un tonto en vísperas”.
Decía de su tierra natal: “Yo, señores, soy de Zapotlán El Grande. Un
pueblo que de tan grande nos lo hicieron
Ciudad Guzmán hace 100 años […] Es un valle redondo de maíz, un circo de
montañas sin más adorno que su buen temperamento, un cielo azul y una laguna
que viene y se va como delgado sueño”.
Sobre Arreola dijo Jorge Luis Borges: “Nació en México en 1918. Pudo haber
nacido en cualquier lugar y en cualquier siglo”. Al aludir la ubicuidad de
Arreola, Borges implicaba lo que algunos definirían como la universalidad de su
literatura. Con ese tono irónico y juguetón tan suyo.
Arreola es considerado uno de los autores más importantes del siglo XX en
México. Su obra se caracteriza por su carácter experimental, el uso del humor
negro y el cuestionamiento de los valores tradicionales.
El escritor Juan Nepote, gran conocedor de su vida y obra al cumplirse el
104 natalicio de Arreola escribió: “Aunque formalmente dejó de publicar libros
hace más de 50 años, Juan José Arreola fue uno de los primeros escritores
hispanoamericanos del siglo XXI, porque en su obra literaria se anticipan los
mismos recursos que mejor han servido para contar las historias de nuestro
presente: las narrativas breves y la literatura autorreferencial, la
hibridación de géneros que resulta de combinar biografías, fábulas, ensayos y
cuentos , la oralidad los poemas en prosa o la teatralización de la vida
cotidiana”.
“Pocas personas han hecho tanto por los libros y la lectura como él,
ejerciendo prácticamente todos los oficios relacionados con la palabra escrita;
declamador, impresor, escritor, editor, tallerista,
animador cultural, conferencista y maestro. Quizás por ello Julio Cortázar lo
llamó “árbol de palabras”.
Arreola describía así su amor por la literatura: “Mis influencias, hasta
las más profundas, como pueden ser las de Rilke,
Kafka y Proust, las he vivido no sólo como mexicano sino como payo. Hasta mis
mayores refinamientos están vividos con alma y cuerpo de pueblerino mexicano”.
Su obra abarca una gran diversidad de géneros: novela, prosa poética,
cuento, teatro, estilización de textos ajenos, fragmentos, etc. Arreola no
recibió una educación escolarizada, fue un autodidacta y su gran pasión de
joven fue el teatro. De entre sus obras las más destacadas son: Palíndroma,
Bestiario o Inventario, La feria y La hora de todos.
A lo largo de su carrera recibió múltiples premios y reconocimientos, entre
ellos destacan el de novela Xavier Villaurrutia en 1963 que compartió con Elena
Garro. Una vez le había dicho Villaurrutia: “Arreolita te tengo una buena noticia. Eres más que un escritor”.
En 1977 recibe el Premio Nacional de
Periodismo, por su labor de comentarista en televisión; en 1979 se le otorga el
galardón Nacional de Lingüística y Letras; en 1990 se hizo acreedor al Premio
Internacional de Literatura Juan Rulfo. En 1995 recibió el Premio Internacional
de Literatura Alfonso Reyes.
En 24 de noviembre de 1977, escribió
el poema Sein und Zeit ,
que significa Ser y Tiempo, título de la obra más importante del filósofo
alemán Martín Heidegger, que dedicó a Octavio Paz.
SEIN UND ZEIT
¿
Cómo puedo decirme a mí quién soy
si
de Quevedo y Borges el atuendo
verbal
dice burlando: estás ya siendo?
Lugar de tiempo en el espacio estoy.
Estoy aquí conmigo el día de hoy
en
monótonas líneas escribiendo
esta
nada (Palabra sin estruendo
avísame
el silencio a donde voy).
¿
Será por siempre que en espejo vea
como
Pablo la imagen de este mundo?
¿De platónica mente soy la idea?
¿Una gota del mar en que me hundo?
(Yo soy la eternidad que se recrea
al
hacer en mi ser otro segundo).
El 6 de marzo del 2015, se le declaró Benemérito Ilustre del Estado de
Jalisco y se ordenó el traslado de sus
restos mortales a la Rotonda de los jalisciences
ilustres, el decreto fue aprobado por el Congreso, para reconocer su aporte
cultural a la literatura nacional e internacional para lo cual también ordenó
erigirse una estatua conmemorativa en su honor, con
pedestal de cantera, en el cual se coloque el nombre en letra dorada y epitafio
que diga “Literato”.
¡Hasta el
próximo encuentro…!
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