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Con
referencia a esta temática se llevó a
cabo hace unos días, en la Universidad Hebrea de Jerusalén, el Congreso
Internacional bajo la denominación “Lo que nos hace humanos: de los genes a las
máquinas”, celebrado en el Centro para las Ciencias del Cerebro de esta casa de
estudios.
La conferencia
magistral de cierre estuvo a cargo del profesor Noah Harari,
autor de dos obras que han alcanzado la categoría de “best
sellers”: “Sapiens: breve historia de la humanidad” y
“Homo Deus: breve historia del mañana”.
El
historiador y filósofo natural de Haifa, sugiere que piratear humanos podría
conducir al fin de la democracia, tal como la conocemos. (“La democracia se
basa en la idea de que nadie me conoce mejor que yo”) y a la creación de una
“clase inútil de personas desde el punto de vista económico y político. Es
entonces cuando los robots superan a las personas en el trabajo”.
Según el
investigador, ninguna profesión estará absolutamente a salvo de la
automatización. Incluso es posible que las carreras que necesitan una
importante dosis de inteligencia emocional como docentes, abogados y médicos, podrían ser superadas por los robots, al menos en teoría.
Eso es porque la Inteligencia Artificial (IA), tendrá la capacidad de reconocer
e imitar los patrones bioquímicos de las emociones humanas.
Harari
estima que algún día, la
gente podrá “piratear” a otros seres humanos y no solo computadoras o cuentas
bancarias. El profesor de la Universidad Hebrea Yuval,
afirma que “para hackear a un ser humano se necesita
un gran poder de cálculo y una enorme cantidad de datos, especialmente
biométricos sobre lo que sucede dentro del ser humano. Nunca habíamos tenido
esa capacidad”.
Para Harari, si la Inteligencia Artificial (IA) pudiera hacer
que los robots fueran lo suficientemente inteligentes como para ser poetas, aún
les faltaría algo esencial: la conciencia, un ingrediente clave que los
mamíferos usan junto con la inteligencia para la resolución de problemas.
“Hasta ahora ha habido cero desarrollo en la conciencia de la computadora”.
“La
conciencia no es un órgano o una idea metafísica como el alma o el espíritu. La
conciencia es la experiencia subjetiva directa que es lo más real para
cualquier ser humano: miedo, amor, dolor, o placer. La corriente de tales
experiencias es lo que llamamos mente”.
Y de ahí surge
la poesía, al decir del escritor Juan Pablo Carrillo Hernández: “Si la
conciencia es una ilusión, quizá la poesía es la mejor forma de descubrirla”.
Mientras las
ciencias del cerebro han avanzado, la ciencia de la mente sigue siendo un
misterio. La teoría científica actual sostiene que la mente emerge del cerebro,
pero nadie sabe “cómo miles de millones de neuronas que disparan en un patrón
particular en el cerebro se traducen en dolor, miedo o amor en la mente”,
explicó Harari.
Los expertos
en Inteligencia Artificial sostienen, que las máquinas jamás podrán llegar a
tener sentido común, por lo tanto, no podrán competir con la inteligencia
natural humana.
Recordemos que para el filósofo y académico estadounidense Douglas Hofstadter, quien ganara el Premio Pulitzer de ensayo en
1980 con la obra Gödel, Escher,
“Bach: un eterno y frágil bucle” y quien funge como profesor de literatura
comparada y psicología en la Universidad Bloomington de Indiana, donde dirige
el Centro para la Investigación sobre conceptos y cognición elaboró una
propuesta en la que combina teoría de sistemas y neurociencia, y sostiene que
la conciencia es una ilusión de la capacidad de auto referencia que desarrolló,
evolutivamente el cerebro humano.
De ahí que
como el poema Muerte sin fin del escritor tabasqueño José Gorostiza, escribimos
un verso de nuestra vida cada día, incansablemente con el transcurso de los
años. Y somos conscientes de nuestra existencia y de su lecto-
escritura, digámoslo metafóricamente.
Recordemos
al sevillano, Gustavo Adolfo Bécquer en su Rima IV cuando nos dice:
“Mientras la ciencia a descubrir no
alcance las fuentes de la vida…”
“Mientras la humanidad siempre
avanzado no sepa a dó camina…”
Esa ciencia
que descubre y avanza, que construyó robots y los dotó de Inteligencia
Artificial (IA), parece ser que no entendió que siempre habrá poetas y siempre
habrá poesía. Indudablemente los robots nunca sentirán lo que siente un poeta
al escribir su Primera línea, lo plasmo en el siguiente poema de mi autoría:
PRIMERA
LÍNEA
Mientras
trato de escribir,
mastico
un poco de sol.
Las hojas
sueltas y
pálidas
me rodean.
Pasan poco a
poco los minutos
y
expulso
lentamente
la
primera línea de un poema.
Escritura escarpada,
ambigua e infinita.
Plasma
historias
de
pesimismo maldito
y
soledades
humanas,
que
conducen a una batalla
de
final incierto
¿autómatas o poetas? |
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