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In memoriam de Carlos
Fuentes
11- 11- 1928- Ciudad de
Panamá.
15- 05- 2012- Ciudad de México Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, es el nombre
completo del padre de “El llano en llamas” (1953) y Pedro Páramo (1955), además
de su labor como escritor destacó como guionista y fotógrafo. Pese a que
algunos críticos lo consideraron un escritor “poco prolífico”, una encuesta que
realizara la Editorial Alfaguara, lo ubicó junto al argentino Jorge Luis Borges
como uno de los más destacados escritores de la lengua española del siglo XX. Precedió al llamado boom latinoamericano y su obra se puede
ubicar en el movimiento literario denominado realismo mágico, donde se presenta
la combinación perfecta entre realidad y fantasía. La acción se desarrolla en
escenarios típico mexicanos, que podrían interpolarse a otras partes de América
Latina, mientras que los personajes representan y reflejan lo típico del lugar
y se entretejen con el mundo fantástico las problemáticas socio-culturales. Su gran novela “Pedro Páramo” se ambienta en este contexto,
al igual que los cuentos de “El llano en llamas”. Aquí el México revolucionario
y posrevolucionario, en el cual la desigualdad, injusticia y pobreza seguirán presentes
en las extensas áreas rurales, aunque también se presentan aspectos más
profundos de la mexicanidad., como el enorme arraigo a las creencias
religiosas, (como la certeza de que hay fantasmas rondando en espera de
oraciones y que los sacerdotes les den licencia para entrar al cielo), que no
le permiten el desarrollo económico y que facilita a las personas sin
escrúpulos como el hacendado Pedro Páramo, valerse de ello, aunque esto
implique que lleve a todo el pueblo (Comala) a la
ruina. En Comala, en la hacienda La Media
Luna y en Pedro Páramo, están presenten los mitos. Cuando se habla de mitos, se
piensa en primera instancia en culturas
primitivas, arcaicas en lo que se ha llamado pensamiento prelógico.
Y es real que en esas culturas cerradas y estabilizadas donde esos códigos son
más fáciles de observar, así como bajo formas simples y estereotipadas
encontramos códigos sociales ritualizados que tienen su origen en la historia
lejana y el inconsciente colectivo. Sin embargo las sociedades modernas y las posmodernas, no
estuvieron ni están libres de estos mitos. De ahí que los mitos en la obra de
Juan Rulfo sean muy importantes. Algo que Carlos Fuentes había detectado ya
hace medio siglo: “No sé si se ha advertido el uso sutil que Rulfo hace de los
grandes mitos universales en Pedro Páramo. Su arte es tal, que la transposición
no es tal: la imaginación mítica renace en el suelo mexicano y cobra, por
fortuna, un vuelo sin prestigio. Pero ese joven Telémaco que inicia la contra- odisea en
busca de su padre perdido, ese arriero que lleva a Juan Preciado a la otra
orilla, la muerta, de un río de polvo, esa voz de la madre y amante, Yocasta-
Eurídice, que conduce al hijo y amante, Edipo- Orfeo, por lo caminos del
infierno, esa pareja de hermanos edénicos que duermen juntos en el lodo de la
creación para iniciar otra vez la generación humana en el desierto de Comala. Esas viejas virgilianas, Eduviges, Damiana,
la Cuarraca, fantasmas de fantasmas, fantasmas que
contemplan sus propios fantasmas, esa Susana San Juan, Electra al revés, el
propio Pedro Páramo, Ulises de piedra y barro… todo ese trasfondo mítico
permite a Juan Rulfo proyectar la ambigüedad humana de un cacique, sus mujeres,
sus pistoleros y sus víctimas, y, a través de ellos, incorporar la temática del
campo y la revolución mexicana a un contexto universal. Pedro, esa piedra, esa roca inconmovible al fin saltará
hecha pedazos, sus esquirlas rociarán Comala:
“Después de unos cuantos pasos cayó, suplicando por dentro; pero sin decir una
sola palabra. Dio un golpe seco contra la tierra y se fue desmoronando como si
fuera un montón de piedras”. Pedro el mito, que se viste con el hálito de lo grande y lo
trágico, de lo humano y lo perverso. La dualidad y lucha eterna entre el bien y
el mal en su interior, luz y tinieblas, vida y muerte. Y al morir, su mito irá a parar al panteón de Comala o Comala es todo un
cementerio, que el mató. El mito nace con el hombre y perecerá con el hombre. Lic. Washington Daniel Gorosito Pérez |
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